No puedo creer que en el aire
resida la vida suspendida...
esperando que la recoja
como único aliciente para existirse
dentro de mis venas callosas y escondidas
maltratadas por un destino
más que cierto:
una enfermedad escrita sólo en los libros
y
en mi piel,
como tatuada para el aprendizaje
como camino para andar
como paso para hacer el camino.
Sonrío...,
cara pícara...,
aún estoy aquí
y
no estoy vencida.


