I
La música, vencida en el recuerdo
prende en mis manos
el ritmo de tu cuerpo:
aquel acorde único.
II
Cedes sin querer un rastro de tu luz.
En esta hora
la tristeza deja caer sus pétalos
y desciende su perfume,
los párpados se abren a la sombra
y la sonrisa,no obstante,
se descubre ante ti.
III
Tendría que resolver el enigma,
conocerte hasta romper el vidrio de tus ojos
para acallar el rayo indulgente
y pulir las sombras de nuestro destino.
Haces y deshaces con tanta facilidad
que un día las palabras van a esperarte
por sorpresa en cualquier esquina
y las paredes simularán párpados que se cierran
como una flor noctámbula en el sol del verano.
No me atrevo a llamarte mío,
pero sobre todo no me atrevo a pertenecerte;
el otoño sucumbe si lo nombras
a golpes en mi brazo.
IV
¡Cómo salvarme de tu inédito rostro!
V
Toda la casa se rompe de silencio
para adorarte.
Cubro tu cuerpo
-con esa descuidada forma
abandonado a la penumbra-
y no resta la sábana
belleza a tus miembros ocultos.
De puntillas busco con qué deleitarte
cuando despiertes.
Begoña es: Lunska Nicori

